Games Done Quick ha cancelado un stream patrocinado por SNK, la legendaria desarrolladora de Metal Slug y The King of Fighters, después de que la comunidad speedrunner reaccionara con dureza al descubrir que el estudio está controlado de forma mayoritaria por el Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudí. La organización responsable de eventos como Summer Games Done Quick y Games Done Queer ha reconocido públicamente el error con una declaración que ya ha dado la vuelta al mundo friki: "An oversight we deeply regret", una supervisión que lamentan profundamente. En el ecosistema del speedrunning, que históricamente ha sido uno de los espacios más inclusivos y políticamente conscientes del gaming, asociar el nombre de GDQ con un fondo soberano vinculado al gobierno saudí no es un tropiezo menor. Es un incendio.
Hay errores de PR y luego hay contradicciones existenciales. Lo que le ha ocurrido a Games Done Quick cae de lleno en la segunda categoría. GDQ no es un evento de gaming genérico: es un espacio que ha construido su identidad sobre la inclusión, la diversidad y el activismo implícito. Games Done Queer, uno de sus eventos hermanos, existe precisamente para visibilizar y celebrar a la comunidad LGBTQ+ dentro del gaming. Aceptar dinero de un patrocinador cuya empresa matriz está controlada por el Estado saudí, un régimen con un historial documentado de criminalización de la homosexualidad, no es una contradicción menor que se resuelve con un comunicado. Es un cortocircuito de valores que el fandom ha tenido razón en señalar sin anestesia.
La expansión del PIF saudí en la industria del videojuego ha sido agresiva y sistemática. SNK no es un caso aislado ni reciente: la adquisición mayoritaria lleva tiempo siendo un dato público. Que el equipo de GDQ no realizara la diligencia debida antes de firmar el patrocinio revela, en el mejor de los casos, una negligencia de investigación inexcusable para una organización de su tamaño e influencia. En el peor, algo que el propio GDQ no querrá que nadie piense.
EL PROBLEMA NO ES SNK. EL PROBLEMA ES QUIÉN PAGA LAS FACTURAS DE SNK Y LO QUE ESO REPRESENTA PARA LOS VALORES QUE GDQ LLEVA AÑOS PROCLAMANDO.
Este incidente se inserta en un debate estructural que la industria del videojuego lleva evitando con demasiada comodidad: el sportswashing digital. Arabia Saudí ha invertido miles de millones en deportes electrónicos, torneos de golf, fútbol y ahora videojuegos, utilizando la cultura popular como escudo de imagen internacional. SNK, con sus franquicias de culto y su carga nostálgica brutal, es exactamente el tipo de activo que hace que ese lavado de imagen funcione: nadie piensa en política cuando escucha el sonido del inicio de Metal Slug. Ese es el mecanismo. Y GDQ, involuntariamente o no, estaba a punto de convertirse en una correa de transmisión de ese mecanismo.
La cancelación del stream es la decisión correcta, pero llega tarde y con el daño hecho. El comunicado de disculpa, por honesto que suene, no puede borrar la pregunta que queda flotando: ¿cuántos otros patrocinadores pasan por ese mismo filtro sin que nadie mire quién está detrás del holding?
Yo llevo años respetando a Games Done Quick por construir uno de los pocos espacios del gaming donde la gente de verdad se siente bienvenida. Precisamente por eso este tropiezo duele más que si lo hubiera cometido cualquier otro. «Oversight» es una palabra muy cómoda para describir lo que básicamente es no hacer los deberes antes de cobrar un cheque. SNK es una empresa icónica con franquicias que forman parte de mi ADN friki, y eso hace que la situación sea aún más incómoda: el legado de Metal Slug y KOF no merece cargar con este peso geopolítico, pero la realidad del siglo XXI es que el dinero saudí no viene sin equipaje. GDQ ha hecho lo correcto al cancelar. Ahora tiene que demostrar que el proceso de vetting mejora, o estas disculpas se convertirán en un ritual vacío que se repetirá.
- Rafael OzzyOso Diaz