Hay batallas en la industria del videojuego que van más allá de los píxeles y las mecánicas. Son batallas por la identidad, por la herencia creativa, por el alma de franquicias que definieron géneros enteros. Richard Garriott, el hombre conocido en el mundo friki como Lord British y el padre absoluto de los RPG occidentales modernos con su saga Ultima, lleva décadas viendo cómo Electronic Arts acumula polvo encima de uno de los catálogos más influyentes de la historia del medio. Ahora, Garriott tiene un plan. Y ese plan no pasa por negociaciones corporativas ni por ofertas millonarias: pasa por una cláusula de copyright de aproximadamente 50 años de antigüedad, lo suficientemente oscura como para que EA no la haya visto venir.
Para entender la magnitud de este movimiento hay que situarse en contexto. Garriott fundó Origin Systems, la compañía que desarrolló Ultima, y fue adquirida por EA en 1992. Desde entonces, el control del IP pasó a manos del gigante corporativo, que con el tiempo ha dejado la franquicia en un estado de abandono que resulta ofensivo para cualquier aficionado a la historia del videojuego. Ultima no es una IP cualquiera: es la serie que definió las bases del RPG de mundo abierto, que inventó conceptos de avatar virtual y mundo persistente que hoy dan por sentados juegos multimillonarios.
La estrategia de Garriott se apoya en lo que en la legislación anglosajona de propiedad intelectual se conoce como un mecanismo de reversión de derechos. La ley de copyright de Estados Unidos, en su reforma de 1976, incluye disposiciones que permiten a los creadores originales —bajo condiciones muy específicas de tiempo transcurrido desde la cesión de derechos— reclamar la reversión de esa propiedad intelectual, independientemente de lo que digan los contratos firmados originalmente. Es una salvaguarda pensada precisamente para proteger a los artistas frente al poder de las corporaciones que adquirieron sus obras cuando el creador no tenía el apalancamiento negociador que merece.
EA HA TENIDO ULTIMA ENCADENADA EN UN CAJÓN DURANTE DÉCADAS. SI GARRIOTT TIENE RAZÓN LEGAL, ESO ESTÁ A PUNTO DE CAMBIAR.
Si Garriott logra su objetivo, las consecuencias serían históricas. Un creador recuperando el control de una IP seminal arrebatada por una corporación en los años 90 sería un precedente que reverberaría en toda la industria. Más allá del simbolismo, estaríamos hablando de la posibilidad real de ver Ultima resurgir bajo la visión de su autor original, en un mercado que hoy tiene una sed enorme de RPGs profundos con peso narrativo y sistemas de mundo coherentes.
Electronic Arts, por su parte, no tiene ningún incentivo económico inmediato para defender agresivamente un IP que lleva años sin generar ingresos significativos para sus balances. Pero las corporaciones no ceden terreno por lógica, sino por obligación legal. Y ahí es exactamente donde Garriott quiere llevar este pulso: a un terreno donde el dinero de EA no puede simplemente comprar la victoria.
La comunidad friki, los veteranos del RPG clásico y cualquier persona que haya pisado alguna vez las tierras de Britannia tiene motivos para seguir este caso con atención máxima. No es solo nostalgia. Es la pregunta de si los creadores tienen derecho a reclamar su obra cuando las corporaciones no hacen nada con ella.
Yo llevo años mirando cómo EA tiene a Ultima en un sótano corporativo, cogiendo polvo, mientras el género que esa saga inventó genera miles de millones para otros. Que Garriott use la propia ley para abrir ese sótano y sacar su obra a la luz es exactamente el tipo de historia que me hace seguir amando este sector. No sé si ganará, pero que lo intente ya es un acto de justicia poética que merece todo el respeto. Lord British sigue siendo, después de todo, el señor de sus propias tierras.
- Rafael OzzyOso Diaz